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¡No olvides respirar!

Mis alumnos saben que es una frase que repito mucho: ¡no olvides respirar! Parece una afirmación tan obvia que resulta cómica. Sin embargo, después de algunas sesiones, son muchos los que me han dicho lo mismo: Tenías razón, ¡me he pasado media vida sin respirar apenas! Y es así. Cuando somos bebés, incluso niños, respiramos de forma completa: hinchamos el abdomen y el tórax al inhalar, y lo deshinchamos al exhalar. Pero poco a poco vamos sustituyendo esta respiración por otra más corta y abrupta, que prácticamente se agota en la zona de las clavículas.

Ayer, durante mi clase de hatha yoga aquí en Portsmouth (UK), me di cuenta de que la respiración es como un segundo cordón umbilical que durante toda nuestra existencia nos une de forma invisible a la vida, a la Tierra, que es de alguna manera nuestra madre. Y a través de este cordón, como antes a través del que nos unió a nuestra madre física, fluye aquello que nos mantiene vivos: la energía. Los hindús lo llaman Prana. Las corrientes budistas Chi, o Qi. En cualquier caso, es una corriente sutil, de cuyo flujo dependen todas nuestras funciones vitales. 

breathe the universe

Y pensando esto, llegué a la conclusión de que no solo deberíamos atender un poco más a este proceso respiratorio, aprender a hacerlo correctamente y a controlarlo, sino que deberíamos también dedicar un tiempo todos los días a honrar y venerar nuestra respiración. Cerrar los ojos por unos instantes y quedarnos a solas con ella, observarla, observar el flujo del aire al entrar y salir de nuestro cuerpo, los sutiles movimientos musculares que provoca, el sonido, la temperatura… Comprender su importancia. Reconocer que es ella la que nos mantiene vivos. Y sentir una profunda gratitud.

 

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