Meditación caminando: cinco pasos para aliviar tu estrés hoy mismo

meditación caminando

¿Qué te viene a la mente cuando escuchas la palabra meditación? ¿Tal vez un monje tibetano, con su túnica naranja, sentado en postura del loto? ¿O la silueta a contraluz de alguien sentado frente al mar durante una puesta de sol con las manos sobre las rodillas en yin mudra? Es muy posible. En esta entrada, sin embargo, te proponemos una forma distinta de meditar: la meditación caminando.

Es cierto que la postura de meditación más frecuente es sentados, sobre un cojín o bloque, con la espalda recta y las rodillas ligeramente por debajo de las caderas. He leído incluso a Ramiro Calle afirmar que la meditación sin postura es impostura.

Meditar consiste en entrenar la mente dirigiéndola voluntariamente hacia un objeto o proceso. Es decir, evitar que salte de un pensamiento a otro, como dice el símil, como un mono de rama en rama. Los Yoga Sutra de Patánjali declaran este como el objeto fundamental del yoga, y por tanto de la meditación, que es una de las ocho partes del yoga clásico o raja yoga: Yoga citta vrtti nirodah, el yoga es el cese de las fluctuaciones de la mente. De este modo conseguimos calmarla, purificarla y entrar en contacto con nuestro verdadero ser.

En mi experiencia, el acto de caminar puede convertirse también en objeto de meditación. Además, la meditación caminando no es ajena en absoluto a la tradición zen.

Todos los días caminamos hacia algún sitio. Con un poco de entrenamiento, podemos convertir estos momentos en una meditación caminando. Te propongo para ello que sigas estos cinco pasos:

  1. Camina como si no fueras a ninguna parte. Olvida por un momento hacia dónde vas, o la urgencia de tu próxima cita. En este momento, caminar no es un medio sino un fin en sí mismo. Hazlo sin objetivo, sin finalidad, desprovisto de otro deseo o propósito que no sea el mero acto de andar.
  2. Toma consciencia de tu cuerpo mientras caminas. Siente como tus pies apoyan alternativamente en el suelo, siente el peso de tu cuerpo. Siente como tus rodillas se flexionan por turnos: derecha, izquierda, derecha. Percibe el ligero balanceo de las caderas y los brazos. Observa tu respiración, el movimiento que produce en el abdomen y el pecho, la sensación del aire al entrar y salir por las fosas nasales.
  3. Presta atención a aquello que oyes. Percibe los sonidos de la ciudad, todos los sonidos que llegan a ti. Puede que oigas ruidos de motor, las voces de otros transeúntes, tus propias pisadas, tu respiración. No hace falta que des una explicación a estos sonidos o los identifiques, solo escucha, conecta, recibe. No intentes percibir más sonidos, deja que estos lleguen a ti, a tu consciencia. Disfruta la sensación de oír, permite que tu mente descanse en esta sensación.
  4. Contempla ahora todo lo que te brinda el sentido de la vista. Observa todo tu campo visual. Relaja la cara y los ojos. Y simplemente deja que lleguen a ti los colores de las cosas, nota los diversos tonos y matices. Percibe ahora las formas de todo lo que te rodea, descomponiendo los objetos en formas básicas. Percibe también el brillo, la transparencia o la opacidad de las superficies, los reflejos. Deja que las cosas lleguen a tus ojos desprovistas de significado, reducidas a colores, líneas, curvas… Evita darles un nombre o juzgarlas. Por ejemplo evita pensar: mira un parque, o mira qué flor tan bonita. Simplemente observa. Y permite que tu mente descanse sobre las percepciones visuales.
  5. Tras unos instantes, mueve tu consciencia hacia las sensaciones del tacto. Percibe el viento o la brisa sobre la cara y las partes descubiertas de tu cuerpo. Percibe el calor del sol, tal vez. Siente el roce de la ropa sobre tu piel, su textura. Observa la temperatura en las diferentes partes de tu cuerpo.

Seguro que después de estos instantes de atención plena, tu mente se encuentra más descansada y lista para tu próxima cita. Además habrás conseguido una cosa más: rebajar mucho el nivel de estrés, lo cual repercute positivamente en tu salud.

 

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2 comentarios
  1. Tamo
    Tamo Dice:

    Genial, suelo practicar así cuando saco un rato a pasear a mi perra por el campo.
    Siempre podemos encontrar un momento para conectar con nuestra esencia y tomar distancia de lo cotidiano .
    Gracias !!

    Responder

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