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El yoga NO es una religión

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Hay muchos mitos que alejan a la gente del yoga. Quizá uno de los más extendidos es que muchas veces se piensa que el yoga forma parte de alguna religión, o es una religión en sí mismo. Conviene disipar esta creencia.
El yoga va mucho más allá de la mera práctica física. Es cierto que tiene una parte muy importante de trabajo mental y espiritual. Pero no por esto hay que confundirlo con una religión.
Por otra parte, lo bueno del yoga es que no es dogmático y totalitario como una religión: tú puedes tomar lo que te interese, nadie te juzgará ni condenará por ello. Si solo te atrae el mero ejercicio corporal, no es necesario que vayas más allá. Nadie te va a obligar a hacerte vegetariano, a leer los antiguos tratados de filosofía, o a creer en el poder de los mantras, ni siquiera a meditar. Los buenos instructores y maestros te recomendarán algunas de estas cosas o te introducirán en ellas. Pero no existen imperativos absolutos en yoga. Por fortuna, el yoga NO es una religión.

Es cierto que está presente en algunas religiones, pero no es una religión en sí mismo. Es decir, algunas religiones incluyen el yoga pero el yoga no incluye ninguna religión. Uno puede ser completamente agnóstico, y realizar sus asanas religiosamente todos los días. Del mismo modo que puede hacerlo un católico practicante, un musulmán, un judío, un budista o un hindú. De hecho tanto el budismo como el hinduismo tienen muchas cosas en común con el yoga y se originaron en la misma tradición espiritual del lejano Oriente. Pero, insisto, son cosas diversas.

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¿En qué se diferencia el yoga de cualquier religión?

  • No existe una divinidad a quien adorar.
  • No hay servicios a los que deban acudir los practicantes.
  • No tiene una iconografía sagrada.
  • No tiene un credo que deba ser aceptado de forma incondicional.
  • No se realizan rituales.
  • No hay clérigos, sacerdotes u otro tipo de líderes.
  • Tampoco hay un líder global.
  • No tiene una estructura institucionalizada.
  • No es necesario ningún ritual iniciático o de ingreso.
  • No tiene una red de templos o lugares sagrados.
  • No requiere fe.
Y con respecto a este último punto, lo mejor de todo, es que aunque solo realices las asanas como ejercicio físico, sus beneficios llegarán igual. Es decir, no hace falta creer. En este caso, no se exige la fe para alcanzar “la salvación”. Solo es necesaria una práctica constante y adecuada para que el yoga despliegue todas sus bondades sobre el que lo hace. Es algo parecido a lo que sucede con la hipnoterapia. Hace tiempo mi marido asistió a una sesión de hipnosis para dejar de fumar. Él era un escéptico absoluto. Y el hipnoterapeuta le dijo: “No importa para nada, aunque tú no creas que es posible, dejarás de fumar igualmente”. Y así fue, esto ocurrió hace más de tres años y no ha vuelto a fumar desde entonces. ¿Magia? Es posible, si queremos incluir bajo ese nombre todo aquello que la ciencia no puede todavía explicar completamente.

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