2 de julio de 2013.- Día 2


Por la mañana del segundo día conocimos a Katrin Kutner quien inmediatamente llenó el aula de energía positiva con su perpetua sonrisa. Apareció con su armonio, que la acompaña en todas sus clases, y al poco tiempo estábamos cantando el OM NAMAH SIVAYA, uno de los mantras más famosos del hinduísmo.

El mantra om namaḥ śivāya escrito en silabario devánagari.

Katrin, como se puede leer en su página web, es una profesora capaz de convertir en difíciles las posturas más sencillas y en sencillas las más complicadas. Efectivamente, pasamos varias horas para aprender la técnica de Tadasana o postura de la montaña, que es básicamente, estar de pie.
 
¿Qué cómo es posible pasar dos horas y pico aprendiendo esta asana? No lo sé, pero estoy segura de que la he grabado en mi memoria y en la memoria de mis músculos para siempre. Y me alegro de haberle dedicado tanto tiempo porque es una de las posturas básicas del yoga, cuya técnica se repite continuamente en otras. 
Además esta postura tan sencilla, bien practicada, es capaz de fortalecer los muslos y el abdomen, mejorar los pies planos y reducir la ciática. ¡Son los milagros del yoga!

A la 1 pm, pausa para comer. Una horita. Yo fui a un supermercado cercano. Aquí en todos los súper venden comida preparada. Recuerdo que comí una ensalada Louie, que es un plato típico de San Francisco. Parece que sus orígenes se remontan a 1910, año en que aparece mencionada en un libro de recetas del jefe de cocina del hotel St. Francis. (Con perdón de los puristas diré que se trata de carne de cangrejo con salsa rosa, pero seguramente me equivoco). Hasta las ensaladas tienen historia. 

Después de comer volví al estudio. Esa tarde conocimos a Michelle Myhre. Ella nos enseñó la secuencia llamada Surya Namascar A, o saludo al sol. Durante cuatro horas estuvimos diseccionando las diversas posturas que constituyen la secuencia, aprendiendo la técnica y los nombres en sánscrito,¡y yo además tenía que aprender los nombres en inglés! No exagero si digo que repetimos el saludo al sol más de veinte veces. Un increíble esfuerzo físico y mental. Pero Michelle sabe como estructurar las clases y el tiempo vuela con ella. Al terminar estaba exhausta pero satisfecha, feliz como pocas veces en mi vida. ¡Y puedo asegurar que no me voy a olvidar nunca de cómo saludar al sol!


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